Cuando James Graham cumplió 30 años perdió la llave de la puerta de los sueños. Él sabía que no aguantaría por mucho tiempo esta situación y que tarde o temprano acabaría todo. La situación había cambiado mucho desde que nos conocimos hace quince años y comenzamos nuestra relación. Por mucho que me quisiera yo no podía perdonárselo. Me había perdido para siempre. Nunca podría volver a nuestro mundo. Yo jamás volvería con él.
Desde que James y su familia llegaron a Baltimore, siempre fueron rechazados socialmente. Creo que la gente del pueblo nunca llegó a aceptarlos en los siete años que estuvieron viviendo aquí. Nunca entendí muy bien el porqué de ese desprecio, hasta hace unas semanas, por supuesto. Por aquel entonces yo sólo era una niña de catorce años, muy risueña e infantil. ¡Cómo han cambiado las cosas! Recuerdo que el primer día que James entró a clase yo fui la primera en llamarlo “bicho raro”. La verdad es que no sé por qué, no tenía ningún motivo, no lo conocía. Supongo que el escuchar tantos comentarios negativos sobre su familia me hizo reaccionar así. Aunque creo que tenía razón al llamarlo de esa forma ya que su familia tenía mucho dinero y, sin embargo, en lugar de juntarse con mi grupo de amigos y conmigo, prefería ser un solitario. Tendría que pasar un año para que nos conociéramos y me enamorara locamente de él. Durante ese año yo cambié mucho. Dejé de ser tan superficial y comencé a buscar amigos que me quisieran por lo que yo era y no por lo que tenía. Pero fue más difícil de lo que pensaba. Mis amigos me dejaron de lado y no logré hacer amistad con nadie.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Reúnete conmigo al salir del instituto en el Parque Stanford, tengo que darte mi regalo.
G.
No tenía el cuerpo para sorpresitas, pero debía acudir a esa cita. Al fin y al cabo era la única persona, a parte de mi familia, que se había acordado de mi cumpleaños.
¡¡J-A-M-E-S G-R-A-H-A-M!!¿Tú eres el que me ha enviado el anónimo?
Era un paquete muy pequeño para lo que pesaba. El regalo estaba metido en una cajita. Al abrirla encontré una llave, vieja y pesada. ¿Pero porque me regalaba James una llave? No le encontraba ningún sentido.
¿Una llave? Y además está oxidada.
Lo descubrirás cuando llegué el momento.
Pasamos una tarde de lo más entretenida. Congeniamos enseguida. Teníamos mucho en común. Además él era muy divertido. James había madurado mucho físicamente durante ese año. Siempre había tenido un cierto atractivo, pero ahora era algo exagerado. Era realmente guapo. Sus ojos eran de un color miel que destacaban notablemente porque tenía el pelo moreno. Era bastante alto, alrededor de un metro setenta por lo que superaba en unos diez centímetros. Mi pelo también era moreno y mis ojos verdes. Hacíamos buena pareja.
Bueno ya hemos llegado. Gracias de nuevo por el regalo y por distraerme esta tarde. Te lo agradezco de verdad.
No sé porqué, pero me resultó realmente difícil decirle que no. Yo no me encontraba en un buen momento, y no buscaba ningún tipo de relación amorosa. Aunque congeniábamos, no quería que me vieran con el solitario del pueblo. Bastante arruinada estaba ya mi reputación.
James y yo no volvimos a quedar hasta que tuvimos que hacer un trabajo para el instituto. Fue entonces cuando empecé a enamorarme de verdad e interesarme por él. Muy pronto nos convertimos en una pareja inseparable. No hacíamos nada el uno sin el otro. Éramos una de esas parejas empalagosas siempre haciéndonos mimitos. Si antes de salir con James ya no tenía amigos ahora que salía con el “bicho raro” me había enemistado con todo el pueblo. Pero no me importaba en absoluto porque estaba enamorada del chico más maravilloso del mundo y él me quería con locura. Contra todo pronóstico al terminar el instituto continuamos nuestra relación. James no se lo pensó dos veces y se matriculó en Yale para poder estar conmigo. Durante los cinco años que duró mi licenciatura de Periodismo, James no se separó de mí. Me ayudó a estudiar en cada uno de mis exámenes. No sé de dónde sacaba el tiempo él para estudiar, pero terminó su licenciatura en Derecho con una matricula. Su familia nos pagó un apartamento durante esos cinco años a pesar de oponerme a que lo costearan todo. El mejor lugar para encontrar trabajo era sin duda Nueva York. Nos mudamos a Brooklyn y James consiguió un trabajo de prácticas en uno de los bufetes más importantes de Nueva York. A mi me costó encontrar trabajo pero con la ayuda de James conseguí entrar en
Nos mudamos un par de días antes del treinta cumpleaños de James que era el 30 de diciembre. Allegar fuimos directos a casa de su familia. Nos recibió un mayordomo que nos condujo al salón donde ya nos esperaba la madre de James, Lorelai Graham. No nos habíamos visto desde la graduación del instituto hace trece años. Nunca había entendido muy bien por qué James no quería que visitáramos a su familia ya que se llevaban estupendamente, por eso me extrañaba. Lorelai no había cambiado nada, por imposible que pareciera. Tenía exactamente el mismo aspecto, hermosa y delicada. Casi parecía una diosa, si no fuera por las grandes ojeras que siempre tenía. Aparentaba una edad muy similar a la de James alrededor de los treinta, cosa que era imposible. Mientras yo seguía asimilando que Lorelai no había envejecido en trece años aparecieron William y Rachel, el padre y la supuesta hermana de James. Ellos tampoco habían envejecido. Podía entender que a sus padres no se les notaran tanto los años porque ya eran adultos pero lo de Rachel no lo podía asumir. Tenía diecisiete años cuando la conocí y ahora tenía ese mismo aspecto de adolescente a pesar de los años que habían pasado. Me quedé atónita, no reaccionaba. Rachel debía ser mayor que yo pero no lo aparentaba para nada. Me resigné a poner buena cara, ya interrogaría a James más tarde.
¡Tío Alfred! le grité.
Bueno, yo no puedo decir lo mismo de ti cambió radicalmente la expresión de su cara ante mi respuesta.
James, mi sobrino favorito cambió rápidamente de tema.
Muy bien como siempre, disfrutando de mi larga vida.
Tras deshacer el equipaje y descansar nos dirigimos hacia el Lago Washington con el pequeño yate que su familia poseía. Quería pasar tiempo a sola con James para hablar. Además él también quería estar a solas conmigo debía contarme algo importante. Por aquel entonces no me podía imaginar que lo que me iba a contar era lo mismo que yo le iba a pedir.
Creo que ya sabes sobre qué te voy a preguntar, ¿no?
Ahora sí que no podía articular palabra, había sido demasiado. James lo notó en mi cara y se bajó a los camarotes para dejarme a sola, debía asimilar mucho. Con todo esto James me había demostrado que no podía confiar en él. En quince años yo había sido totalmente sincera con él, pero, en cambio, James no me había contado toda la verdad sobre él. Dentro de poco iba a dejar de ser humano. Según había entendido su padre se convirtió en vampiro para poder estar con Lorelai. Sacrificó su vida humana por amor. Realmente no entendí si contándome todo esto me quería decir que debía convertirme yo también en vampiro. Estaba realmente confundida.
Ahora todo encajaba: no le agradaba a su familia porque era humana, no los visitábamos para no enterarme de que no envejecían, poseían tantas riquezas porque lo habían acumulado durante años y las historias de Alfred me contaba eran en realidad sus vivencias como vampiro durante siglos. Solo me faltaba por saber una cosa, ¿qué iba a pasar entre nosotros?
James…
Siempre me había imaginado mi vida junto a James, con hijos y felizmente casados pero siendo mortales. Me acababa de enterar de que existían los vampiros, cosa que jamás me podría haber imaginado. Me iba a costar mucho llegar a una decisión, pero no quería alargar mi angustia. Debía tomarla ya. Estaba completamente enamorada de James pero… no podía renunciar a una vida normal y mortal solo por amor. Además estaba realmente enfadada con él, por no habérmelo contado antes, era su prometida. La decisión estaba tomada. No podía quedarme junto a él, por mucho que me doliera.
James, yo… no puedo hacerlo. Sabes que te quiero y que siempre lo haré pero es demasiado. Debemos terminar con nuestro compromiso y dejar de vernos para siempre. Dije sollozando.
Nos besamos por última vez. Fue el beso más apasionado y más dulce que jamás me había dado. Se había hecho muy tarde, medianoche. Era treinta de diciembre, su treintagésimo cumpleaños, y James había perdido la llave de la puerta de los sueños. Cogí mis cosas y bajé del yate sin mirar atrás.
Tras pasar unos días sin rumbo fijo me decidí por volver a mi casa. Mis padres estaban de viaje por lo que tenía la casa para mí sola. Comencé a guardar todo lo que me recordaba a James. Al coger la llave que me regaló por mi quince cumpleaños no se porqué pero pensé en el joyero de mi abuela. Fui a por este y me día cuenta de que la llave tenía una pequeña inscripción que decía “Forever” que a la vez también se encontraba en el joyero. Intenté abrirlo y lo conseguí. Estaba lleno de cartas y viejas fotografías. Había un sobre con mi nombre en él. Lo abrí y pude ver que se trataba de una pequeña nota.
espero que leas esto a tiempo para no cometer el mismo error que cometí yo cuando tenía veinte años estando en tu misma situación. No importa lo que te pida James. Si tienes que renunciar a ser mortal, hazlo. Yo no lo hice en su momento y me arrepentí toda mi vida de no haber seguido junto a Alfred. Debía haberle dejado que me convirtiera en vampiro cuando me lo propuso.
Recuerda que una vez que tomas la decisión el vampiro desaparece de tu vida y jamás vuelves a saber nada de él. Solo tienes una oportunidad en la vida de hacer las cosas bien.
Te quiero
Samaire Shepherd
Me quedé un poco confusa durante unos minutos. ¿Cómo podía saber mi abuela que James y yo íbamos a enamorarnos? Pronto continué ojeando entre los papeles. Encontré una foto de mi abuela y de Alfred. ¡El abuelo de James! Supuse que Alfred sabía que yo era la nieta de Samaire, por eso siempre me trató tan bien. También hallé una especie de árbol genealógico un poco extraño. En el había escritos distintos nombres y años. Había muchos corazones y en ellos estaban las fotos de las parejas con sus nombres. Me quedé paralizada cuando vi un corazón con mi cara y la de James. Se trataba de un corazón roto en dos, con la fecha en la que nos conocimos y en la que terminé con él. El corazón de mi abuela también estaba roto. Del mismo modo otros corazones estaban sin romper y sin fecha de finalización. Estuve investigando ese viejo árbol genealógico durante un buen rato. Por fin descubrí un pequeño escrito donde explicaba el funcionamiento de este.
El amor de un vampiro está escrito antes de nacer. Si la pareja seleccionada para el vampiro no lo acepta por su condición, este no tendrá más oportunidades en el amor.
Será condenado a vivir eternamente sin amor. Además no podrá ver a la que debería ser su pareja desde el momento en que esta así lo decida.
Estaba destrozada. Rompí a llorar y no pude parar en un par de horas. Había condenado a James para toda la vida por haber sido egoísta. Jamás me podría perdonar. Ese fue el momento en el que juré vivir sin amor y sola. Yo también había perdido la llave de la puerta de los sueños.
Tu cuento me ha gustado bastante,es interesante la historia entre el vampiro y la chica humana. Pero si ahi alguna cosa que destacaria de tu relato sería el final, el principio está interesante, el nudo intenso pero el final es muy sorprendente. A parte esta muy bien escrito no tienes faltas de ortografía y tienes muy buenas formas de expresar todo el contenido. En conclusión que es muy bueno.
Tu historia tiene un principio bastante interesante, pues nos plantea la aparición de un personaje más que extraño interesante que a lo largo del relato nos irá creando intriga.
No detallas el progreso de enamoramiento de ambos personajes, pues se conocen en un día y pasados tres ya vivían juntos no me a parecido muy correcto. Podrías haber introcido en el planteamiento de la historia algo mas sobre la familia Graham.